El modelo regional ha superado las crisis, pero la industria sigue siendo laarma principal. Guido Caselli, vicepresidente de Unioncamere Emilia-Romagna, ha destacado la necesidad de fomentar los vínculos entre la fuerza industrial y la sociedad para garantizar un mejoramiento de las condiciones de vida. 'El sistema emiliano-romagnolo está basado en dos pilares: la capacidad de transformar empresas en un sistema líder y filas radicadas en los lugares, y la capacidad de transformar la creación económica en bienestar difundido y cohesión social.' Las cifras cuentan con una economía sólida pero difícil de traducir la riqueza en beneficios sociales. Los salarios reales han perdido el 5%, mientras que los beneficios aumentan el 12%.

Esta brecha se acentúa por la inflación creciente, llegada al 4% en septiembre pasado. La desigualdad geográfica es evidente: el PIB de la via Emilia ha crecido del 6,7%, mientras que solo el 0,2% ha subido la piana y el 0,7% dell'Appennino. También el salario per cápita muestra diferencias importantes: 27.495 euros en la via Emilia, 24.805 en la piana y 24.292 sull'Appennino.

El riesgo es que la crecimiento económico pierda su capacidad para traducir beneficios sociales. Para Caselli, es precisamente este el gran vacío que debemos cubrir: llevar el desarrollo y el bienestar difundido a través de las políticas que favorezcan el acceso a los servicios públicos y las infraestructuras. La emergencia también se manifiesta en la división social: la población ha crecido del 4,5% en los últimos diez años, mientras que la piana y l'Appennino han registrado descensos del 0,9% y del 0,7% respectivamente.

La industria sigue siendo la fuerza motriz de la economía, pero lo importante es transformarla en bienestar difundido y cohesión social. 'El sistema emiliano-romagnolo está basado en dos pilares: la capacidad de transformar empresas en un sistema líder y filas radicadas en los lugares, y la capacidad de transformar la creación económica en bienestar difundido y cohesión social.' La creación económica no debería esperar al futuro, sino traducir beneficios sociales inmediatos. 'Aquí Caselli llama a los «dos filos rojos» del desarrollo emiliano-romagnolo: 'El primer es la capacidad de transformar una multitud de empresas en un sistema', a través de empresas líderes y filas radicadas en los lugares. 'El segundo es la capacidad de transformar la creación económica en bienestar difundido y cohesión social'. Dos líneas que durante décadas han hecho la fortuna del modelo regional, pero que hoy deben ser reafirmadas sobre bases nuevas.'