El libro de la semana: «Guerra profonda», de Arturo Di Corinto, Luiss, 212 páginas, 22 euros.

La digitalización, pese a sus numerosas ventajas, también se ha convertido en un arma potente, esquiva, inmaterial y ajena a las fronteras, utilizada tanto por Estados como por entidades privadas que, en ocasiones, son incluso más poderosas que los propios Estados. La soberanía digital se ha convertido así en un factor fundamental no solo para la competitividad económica, sino también para la seguridad de la ciudadanía y la estabilidad de las instituciones. La concentración del poder informático en un reducido grupo de países y empresas es una realidad, pero resulta imprescindible comprometerse firmemente para proteger la seguridad y los valores de nuestras comunidades. Los instrumentos para lograrlo son normativos y económicos. Las inversiones necesarias son ineludibles, aunque enormes, por lo que deben acometerse conjuntamente, en Europa y más allá, con el objetivo de impedir que la evolución tecnológica se convierta en un medio para restringir nuestras libertades.