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Lectura críticaQué ha pasado. Dos frases que resumen el comportamiento y las consecuencias
El problema es que los países más débiles no pueden influir en las decisiones de los inversores internacionales, pero tendrán que pagar por sus debilidades. En una situación de crisis financiera global, los países más débiles se han encontrado de sorpresa. Las naciones desarrolladas han sufrido una onda de turbulencia en los mercados bancarios, mientras que los países más pobres estaban ya enfrentándose a dificultades económicas. Esta diferencia de trato se debe a que los países más débiles no pueden influir en las decisiones de los inversores internacionales, pero tendrán que pagar por sus debilidades. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido que las naciones desarrolladas están enfrentando un tercer choque después de la Guerra del Golfo y el régimen gastoista del presidente Trump.
Los mercados han reaccionado ante las tensiones políticas en Oriente Medio y la falta de control sobre las políticas del gobierno estadounidense, lo que ha llevado a un aumento de la presión sobre los precios de los deudores públicos en todo el mundo. Los gobernantes y las autoridades centrales bancarias de cada economía grande han intentado controlar los costos de los deudores, pero la crisis les ha hecho muy difíciles aplicar estas tácticas. Los economistas han previsto que la gasto de servicios de los deudores representaría 45% de las entradas públicas en las naciones desarrolladas y 70% en las naciones pobres. Esto les impidió a los países más débiles dedicarse a los investimientos necesarios para la crecimiento económico y el desarrollo futuro. La crisis de los mercados bancarios también ha llevado al inevitable aumento de las pretensiones de cobranza de los deudores, lo que ha aumentado aún más las presiones económicas sobre estos países.
Además, la energía se ha convertido en un problema adicional, ya que los países desarrollados se han encontrado de sorpresa con la crisis energética, mientras que los más débiles ya estaban enfrentándose a dificultades económicas. Las demandas de reforma del sistema de deuda internacional se han multiplicado en los últimos años, especialmente por los miembros de la Unión Africana y los presidentes del G20, como Brasil y Sudáfrica. El G20, un foro importante para tratar cuestiones económicas internacionales, ha iniciado proyectos de ayuda financiera, incluyendo la Framework Común, lo cual ha permitido a las naciones desatadas de la deuda pedir apoyo durante la crisis COVID-19.
Sin embargo, con el presidente Trump al mando, el G20 se centra en el aspecto de crecimiento, evocando un contraste con la realidad: el bloque americano no puede alcanzar su objetivo principal, la creación global, dado que el objetivo principal de la guerra en Irak es un obstáculo para su realización. El próximo año será la presidencia británica, donde el Partido Laborista ha declarado tener prioridades diferentes respecto a sus políticas anteriores. Esto incluye el uso del papel de presidencia del G20 para promover acuerdos globales sobre la regulación de los derechos de autor, una causa que parece ser un deseo irrealizable pero que sin embargo es ciertamente útil perseguir. La secretaria de Estado británica, Ed Miliband, ha dicho a las conferencias del Partido Laborista: 'Amigos, estaré utilizando mi papel de presidencia del G20 para resolver este problema'.
Este aspecto claramente muestra la diferencia entre los países más débiles y los más desarrollados, así como la necesidad de encontrar soluciones alternativas para asegurar la supervivencia de estos últimos.
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