Es la técnica clásica de mejora crediticia: tomar algo arriesgado y envolverlo en algo más seguro. Normalmente funciona bien. A veces resulta catastrófico.

La perspectiva de Liz

OpenAI y Anthropic necesitan pedir prestado mucho dinero, pero no tienen beneficios ni un historial que demuestre su solvencia. Ahí entra en escena Jensen Huang.

La garantía de 250.000 millones de dólares ofrecida por Nvidia a OpenAI permitirá al laboratorio de inteligencia artificial, que consume grandes cantidades de efectivo, arrendar espacio en el mayor centro de datos jamás construido. OpenAI no cuenta con una calificación crediticia de grado de inversión, por lo que Nvidia le está prestando, en la práctica, la suya.

Broadcom hizo lo mismo con Anthropic unas semanas antes. Es como pedir a los padres que avalen el contrato de alquiler del primer apartamento. La garantía de Nvidia para OpenAI funciona exactamente así: OpenAI quiere firmar un arrendamiento, pero SoftBank, propietaria del inmueble, no se siente cómoda con el riesgo asociado al inquilino. Huang firma entonces como garante.

En Fintwit proliferan las comparaciones con una versión aplicada a la inteligencia artificial del concepto «demasiado grande para quebrar».

La idea de Nvidia como una nueva AIG es acertada en un aspecto. La empresa que tuvo mayor responsabilidad en la burbuja de 2007 no fue un banco que concedía préstamos incobrables, sino la aseguradora que los garantizaba y distribuía ese riesgo por todo el sistema financiero. Las hipotecas arriesgadas entraban en AIG y salían con el sello AAA. Ahora, las operaciones de alto riesgo vinculadas a la inteligencia artificial están entrando en Nvidia, Broadcom y Google para reaparecer, de forma similar, con una imagen de mayor solvencia.

Distribuir el riesgo puede ser prudente: así funciona el seguro mutualista. Sin embargo, esta práctica también coloca en el centro de una crisis a actores que, de otro modo, podrían haber quedado al margen. AIG no necesitaba verse implicada en la crisis hipotecaria. Nvidia sí debe participar en el desarrollo de la inteligencia artificial, pero está poniendo a prueba su propio balance para financiar a sus clientes. OpenAI instalará chips de Nvidia en el centro de datos de Ohio.

La situación recuerda a General Electric y General Motors, que en 2008 estuvieron a punto de verse arrastradas por sus respectivas divisiones financieras.