Entre parejas que conviven, familiares o grupos de amigos, introducir cada vez un código IBAN de 27 caracteres para reembolsar cantidades modestas —como un depósito de combustible o la parte correspondiente de una cena— resulta incómodo.

Una alternativa válida son los pagos P2P (peer-to-peer) y los monederos digitales: aplicaciones que permiten enviar dinero en tiempo real utilizando únicamente un número de teléfono, una dirección de correo electrónico o un nombre de usuario. Cada operación queda registrada, puede verificarse y está vinculada a una cuenta bancaria o una tarjeta real.

A efectos fiscales, estos instrumentos son tan legítimos como una transferencia bancaria. No obstante, los importes y los motivos de los pagos deben ser coherentes con recibos, mensajes, facturas, tiques u otros justificantes disponibles.

Frente al efectivo, estas soluciones ofrecen una ventaja adicional: dejan un rastro digital que, en caso de una inspección de la Agencia Tributaria italiana, puede ayudar tanto a quien envía el dinero como a quien lo recibe.