El Banco de Inglaterra mantuvo sin cambios en el 3,75% su tipo de referencia durante la reunión del jueves 30 de julio. La decisión, aprobada por seis votos contra tres, refleja una economía británica sometida a fuerzas contrapuestas: las presiones internas sobre los precios están disminuyendo, mientras que la crisis energética vinculada a las tensiones entre Estados Unidos e Irán amenaza con reabrir el frente de la inflación. La información procede del Business Times de Singapur, que reconstruyó la votación y las valoraciones del banco central.

El economista jefe, Huw Pill, y los miembros externos Megan Greene y Catherine Mann respaldaron una subida. Frente a la reunión de junio, cuando únicamente Pill y Greene habían votado a favor de intervenir, el bloque más restrictivo se ha ampliado. El resultado revela una creciente preocupación por el riesgo de que el encarecimiento de las materias primas energéticas termine consolidándose en la economía.

En el ámbito interno, los datos han señalado hasta ahora una dirección diferente. La principal contribución a la moderación procedió de los combustibles para automoción, especialmente el diésel. Precisamente este factor hace que la mejora sea frágil: un nuevo aumento de los precios energéticos podría invertir rápidamente la tendencia que favoreció el dato de junio.

Según el Business Times, durante los días inmediatamente anteriores al anuncio, el petróleo y el gas ya habían subido considerablemente por encima de los valores medios incluidos en el escenario central elaborado por el Banco de Inglaterra apenas diez días antes. La institución trabaja así con previsiones expuestas a rápidas oscilaciones, mientras los precios de la energía continúan por encima de los niveles anteriores al conflicto. La incertidumbre afecta tanto a la inflación como a las perspectivas de crecimiento.

El banco central espera que el crecimiento de los precios vuelva a acelerarse durante los próximos meses. Entre los factores señalados figuran la subida de julio de las facturas energéticas de los hogares y un nuevo encarecimiento de los combustibles. Existe el riesgo de que el impulso importado a través de la energía se extienda al resto de la economía. Por ahora, sin embargo, el Comité no ha detectado señales sólidas de que se esté trasladando a mayores demandas salariales o a incrementos generalizados de precios.

El gobernador Andrew Bailey destacó que las condiciones mundiales parecen más inciertas e inflacionistas, mientras que el panorama interno resulta, en conjunto, más favorable para la moderación de los precios. También precisó que las pruebas de efectos secundarios siguen siendo limitadas, aunque consideró prematuro extraer de ello conclusiones tranquilizadoras definitivas. Por tanto, la decisión de mantener los tipos refleja una actitud de espera vigilante, no la percepción de que el riesgo haya desaparecido.

La postura del Banco de Inglaterra sigue condicionada por la evolución geopolítica. De acuerdo con la fuente, el conflicto ha entrado en su sexto mes y las negociaciones intermitentes no han ofrecido hasta ahora señales de una paz duradera. Algunos integrantes de la mayoría señalaron que una rápida conclusión de las hostilidades podría modificar la estrategia monetaria. Dos miembros, entre ellos el vicegobernador Dave Ramsden, considerarían una bajada de tipos en ese escenario.

La institución confirmó, no obstante, que está preparada para intervenir con el fin de evitar que una inflación elevada se vuelva persistente. Los riesgos se inclinan al alza respecto a las proyecciones de julio, pero la dirección de la próxima medida continúa abierta: la prolongación de la crisis energética podría reforzar los argumentos de la minoría partidaria de subir los tipos; una distensión internacional, acompañada de un mayor debilitamiento de las presiones internas, podría volver a situar en primer plano la posibilidad de reducirlos.

Los mercados reaccionaron moderando sus expectativas de un endurecimiento inminente. Según el Business Times, el rendimiento de los bonos soberanos británicos a dos años, especialmente sensible a las perspectivas monetarias, cayó ocho puntos básicos, hasta el 4,37%. Los operadores descuentan ahora 35 puntos básicos de subida antes de diciembre. La reacción muestra que el voto discrepante de tres miembros no fue interpretado como una señal segura de un aumento inmediato.

Hasta entonces, la atención se centrará en los precios del petróleo y el gas, el efecto de las facturas energéticas de julio y la posible aparición de subidas más amplias o presiones salariales. También habrá que comprobar si el bloque partidario de elevar los tipos continúa creciendo o si un cambio en el escenario internacional vuelve a hacer viable una relajación monetaria.