La demanda de gas ha vuelto a crecer después de la contracción del 2022-23. Según la fuente, el gas representa una componente estratégica en el sistema energético italiano y en el tejido económico-productivo del país. La integración mediante las infraestructuras existentes de vectores más sostenibles como biometano e hidrógeno es la clave para acompañar la evolución hacia una transición energética justa.

La demanda de gas, tras la contracción de los consumos registrados durante la crisis energética del 2022-23, ha vuelto a crecer, registrando un +2,1% en 2025 y +1% en los primeros siete meses del 2026. El gas tiene un papel crucial también en la generación termoeléctrica: en el mes de julio de 2026, los consumos de gas para la generación termoeléctrica aumentaron un 18% respecto al mismo mes del año anterior. También la industria sigue dependiendo del gas, especialmente en los sectores caracterizados por procesos de alta temperatura, mientras que en el sector residencial el gas satisface casi el 50% del requerimiento energético y garantiza el calentamiento de aproximadamente el 70% de las viviendas. "En unos 16 millones de viviendas en clases energéticas F-G, la instalación de bombas de calor es técnicamente posible en menos de 6 millones de unidades y, considerando los límites económicos, en menos de 2 millones", explica el presidente de Proxigas Pier Lorenzo Dell'Orco.

También en el sector del telerresfriamiento el gas natural es una fuente central: "su uso es igual al 70% de los consumos", mientras que en la cogeneración "alimenta aproximadamente el 81% de la capacidad instalada, mientras que las fuentes renovables contribuyen solo para el 8%". El gas demuestra ser una garantía de seguridad para la competitividad industrial nacional, asegurando flexibilidad y fiabilidad en la transición energética. Solo mirar a la electrificación, en muchos casos incompatible con las características de nuestros edificios, puede resultar ineficaz en el cumplimiento de los objetivos climáticos, además de ser extremadamente oneroso para las billeteras de las familias italianas.

A estos elementos se suma el impacto económico de las políticas climáticas. El nuevo sistema ETS2 afectará también a los edificios: suponiendo un precio medio de 60 euros por tonelada de CO2, el impacto económico podría ser de unos 160 euros al año por familia. La red y las infraestructuras existentes representan un patrimonio estratégico para acompañar la evolución del sistema energético hacia vectores progresivamente más sostenibles.

En particular, biometano, hidrógeno y gas con contenido de CO2 reducido o nulo son los vectores prioritarios para la descarbonización. La sociedad ha comunicado que la regulación soporta la evolución del sector para garantizar eficiencia y descarbonización, distinguiendo claramente entre hechos confirmados y escenarios condicionados. Las fuentes divergen solo en las proyecciones precisas, pero confirman que el gas sigue siendo central para la cogeneración y el calentamiento residencial.

Los datos indican que el 70% de los consumos del telerresfriamiento son satisfechos por el gas, mientras que las renovables contribuyen solo para el 8%. Los desarrollos esperados incluyen un aumento de los consumos termoeléctricos del 18% en julio de 2026 y un crecimiento de la demanda de gas del 1% en los primeros meses del 2026. La futura desafío reside en la integración de estos vectores sostenibles en las infraestructuras existentes sin comprometer la seguridad energética.

Los datos confirman que el gas satisface casi el 50% del requerimiento residencial, pero su papel en la cogeneración sigue siendo aún más significativo.